Cuando el conformismo toma posesión de nuestra vida

Las personas utilizan un gran número de justificaciones para explicar su mala salud, una pésima relación, o el pobre trabajo que realizan en la crianza de sus hijos. Muchos nos contentamos con quejarnos y lamentarnos por aquello que nos molesta, pero no hacemos nada para cambiar nuestro comportamiento. En lugar de proceder, buscamos una buena excusa que nos ayude a explicar por qué no podemos actuar.

Para quien busca desesperadamente una manera de justificar ante los demás su pobre salud, cualquier pretexto da lo mismo: “No sabes cómo quisiera cuidarme más, pero simplemente no tengo tiempo”, “los gastos médicos están tan altos que no me puedo dar ese lujo”, “lo que sucede es que yo no confío en los doctores”. El problema, obviamente, es que ninguna de estas excusas aliviará sus quebrantos físicos ni mejorará su salud. Lo mismo suele ocurrir en otras áreas de nuestra vida. Algunos padres, en un esfuerzo por justificar el poco tiempo que le dedican a sus hijos, dicen: “Yo sé que debería compartir más tiempo con mis hijos, pero la verdad es que llego demasiado cansado del trabajo. Además, trabajo para proveerles una mejor vida y con ello les estoy mostrando que los amo”. A simple vista, parece una justificación real, pero lo cierto es que no es más que una excusa, ya que todos estamos en posición de dedicarles más tiempo a nuestros hijos.

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