Un día en la vida de un pesimista

El pesimismo es un gran ejemplo de cómo comienzan a tomar forma muchas de nuestras excusas. Los pesimistas viven en un mundo deprimente y negativo mientras que los optimistas habitan un mundo positivo y lleno de oportunidades. Sin embargo, la verdad es que los dos comparten el mismo universo. La diferencia entre la vida que ellos experimentan y los resultados que obtienen son sólo la consecuencia lógica de sus pensamientos dominantes.

En cierta ocasión, hablando con alguien particularmente negativo, descubrí el origen de su pesimismo —y el de muchas otras personas—. En respuesta a un comentario que le hice sobre su perspectiva un tanto lúgubre, él rápidamente respondió: “No es pesimismo Camilo, yo simplemente estoy siendo realista”.

Seguramente tú también ya te habrás encontrado con alguien que ha tratado de convencerte de que sus actitudes negativas no son más que “expectativas realistas”. He descubierto que si le preguntas a una persona positiva si es optimista, inmediatamente te dirá que sí. No obstante, si le indagas a una persona negativa si es pesimista, procederá de inmediato a darte numerosos argumentos para justificar que lo suyo no es pesimismo sino simple y llanamente una manera realista de ver la vida.

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