Dichos y refranes que te condenan al fracaso

Dichos y refranes que te condenan al fracaso

Has escuchado a alguien decir, “Como dice el dicho…” y después te regalan algún refrán de esos que asumimos que deben ser ciertos, porque de otra manera no se habrían convertido a refranes. Pero cuidado, porque muchas excusas, pretextos, justificaciones o falsas creencias han terminado por convertirse en adagios y aforismos que adoptamos como si fueran fórmulas infalibles de sabiduría popular, cuando en realidad no son más que mentiras revestidas de una capa muy delgada de algo que aparenta ser verdad. 

Por ejemplo, dichos como “perro viejo no aprende trucos nuevos” —o “loro viejo no aprende a hablar”, como se conoce en otros países— o “árbol que crece torcido jamás su rama endereza” popularizan dos ideas erradas y absurdas: una, hacerte creer que existe una edad después de la cual es imposible aprender algo nuevo; y otra, convencerte de que ciertos hábitos o comportamientos son imposibles de cambiar. Y estas dos ideas no solo te hacen sentir impotente, sino que terminan por cegarte frente a la capacidad que tienes para aprender y cambiar a cualquier edad.

“Si alguna vez has usado estos refranes o alguno de los siguientes tres, quiero pedirte que cuestiones si en realidad encierran alguna verdad”

Has escuchado a alguien decir, “Como dice el dicho…” y después te regalan algún refrán de esos que asumimos que deben ser ciertos, porque de otra manera no se habrían convertido a refranes. Pero cuidado, porque muchas excusas, pretextos, justificaciones o falsas creencias han terminado por convertirse en adagios y aforismos que adoptamos como si fueran fórmulas infalibles de sabiduría popular, cuando en realidad no son más que mentiras revestidas de una capa muy delgada de algo que aparenta ser verdad.

Por ejemplo, dichos como “perro viejo no aprende trucos nuevos” —o “loro viejo no aprende a hablar”, como se conoce en otros países— o “árbol que crece torcido jamás su rama endereza” popularizan dos ideas erradas y absurdas: una, hacerte creer que existe una edad después de la cual es imposible aprender algo nuevo; y otra, convencerte de que ciertos hábitos o comportamientos son imposibles de cambiar. Y estas dos ideas no solo te hacen sentir impotente, sino que terminan por cegarte frente a la capacidad que tienes para aprender y cambiar a cualquier edad.

“Si alguna vez has usado estos refranes o alguno de los siguientes tres, quiero pedirte que cuestiones si en realidad encierran alguna verdad”

    Entonces, si alguna vez has usado estos refranes o alguno de los siguientes tres, quiero pedirte que cuestiones si en realidad encierran alguna verdad o si solo son vacas que se usan a conveniencia para justificar una situación de conformismo y mediocridad:

    • Es mejor malo conocido que bueno por conocer.
    • Ojos que no ven, corazón que no siente.
    • A caballo regalado no se le mira el diente.

     Examinemos más de cerca algunos de estos populares refranes para apreciar cual es el verdadero precio que estamos pagando por su uso. Imagínate, por ejemplo, lo ilógico de decirle ‘no’ a una nueva oportunidad profesional y preferir mantenerte en un trabajo del cual no disfrutas, ni te está llevando a ningún lado, todo por el simple hecho de creer que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”. Absurdo, ¿no es cierto? Sin embargo, a pesar de lo absurdo de este refrán, muchos lo utilizan para quedarse en trabajo que odian o permanecer en relaciones abusivas porque es mejor malo conocido que bueno por conocer. ¡Terrible!

    Ahora, ¿qué piensas de la idea de que para evitar sufrir es mejor vivir en la ignorancia? Porque eso es lo que pregona el abusado refrán de que “ojos que no ven, corazón que no siente”. No te imaginas cuántas personas prefieren no ir al médico a pesar de sus dolencias por miedo a escuchar lo que su doctor tenga que decirles; o cuántos padres no se atreven a preguntarles a sus hijos si algo anda mal por temor a lo que descubran, así que optan por vivir en la oscuridad hasta cuando ya sea demasiado tarde, todo debido a que según ellos, ojos que no ven corazón que no siente.

    “Todos amamos dar consejos gratuitos, inclusive cuando no nos los han solicitado”

      1. Y qué me dices del conocidísimo, “a caballo regalado no se le mira el diente”. Este popular refrán que nos advierte que si alguién nos regala algo debemos aceptarlo sin cuestionamientos y no debemos andar mirándole defectos. En otras palabras, no ser malagradecidos con aquello que nos regalan. Es importante entender el origen de este dicho. Al revisarle los dientes a un caballo, es posible calcular su edad y su valor antes de comprarlo. Pero hacer esto con un caballo que te estén regalando sería una imprudencia. Después de todo, es un regalo.

        Hasta ahí todo va bien, pero déjame hacerte una pregunta: ¿Qué es lo que más le gusta regalar a la gente? Si respondiste: “Consejos”, acertaste. Todos amamos dar consejos gratuitos, inclusive cuando no nos los han solicitado. Y ante tales circunstancias, todos nos limitamos a escuchar con paciencia. Sin importar qué tan poco informados, calificados o totalmente errados sean los consejos que nos están dando.

        Así que si alguien quiere darte un consejo, antes de escucharlo, asegúrate de evaluar la fuente de donde viene. Yo ya he aprendido a no recibir ningún “caballo regalado” sin asegurarme de mirarle antes el diente. Si alguien me quiere dar un consejo de negocios, pues más vale que sea un empresario exitoso, y si alguien me va a hablar de cómo tener una salud óptima, pero tiene un cigarrillo en la mano y 30 libras de sobrepeso, pues muchas gracias por ese regalo pero no. Así de simple.

      “Mata tus vacas-refranes y elimina de tu vocabulario todas esas falsas creencias que tienen poco de verdad y mucho de conveniencia”

      Así que, como ves, muchas de estas “joyas de la sabiduría popular”, no son mas que vacas que lo único que generan en tu vida es hacer más llevaderos el conformismo y la mediocridad. Mata tus vacas-refranes y elimina de tu vocabulario todas esas falsas creencias que tienen poco de verdad y mucho de conveniencia.

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      Entonces, si alguna vez has usado estos refranes o alguno de los siguientes tres, quiero pedirte que cuestiones si en realidad encierran alguna verdad o si solo son vacas que se usan a conveniencia para justificar una situación de conformismo y mediocridad:

      • Es mejor malo conocido que bueno por conocer.
      • Ojos que no ven, corazón que no siente.
      • A caballo regalado no se le mira el diente.

      Examinemos más de cerca algunos de estos populares refranes para apreciar cual es el verdadero precio que estamos pagando por su uso. Imagínate, por ejemplo, lo ilógico de decirle ‘no’ a una nueva oportunidad profesional y preferir mantenerte en un trabajo del cual no disfrutas, ni te está llevando a ningún lado, todo por el simple hecho de creer que “es mejor malo conocido que bueno por conocer”. Absurdo, ¿no es cierto? Sin embargo, a pesar de lo absurdo de este refrán, muchos lo utilizan para quedarse en trabajo que odian o permanecer en relaciones abusivas porque es mejor malo conocido que bueno por conocer. ¡Terrible!

      Ahora, ¿qué piensas de la idea de que para evitar sufrir es mejor vivir en la ignorancia? Porque eso es lo que pregona el abusado refrán de que “ojos que no ven, corazón que no siente”. No te imaginas cuántas personas prefieren no ir al médico a pesar de sus dolencias por miedo a escuchar lo que su doctor tenga que decirles; o cuántos padres no se atreven a preguntarles a sus hijos si algo anda mal por temor a lo que descubran, así que optan por vivir en la oscuridad hasta cuando ya sea demasiado tarde, todo debido a que según ellos, ojos que no ven corazón que no siente.

      “Todos amamos dar consejos gratuitos, inclusive cuando no nos los han solicitado”

        1. Y qué me dices del conocidísimo, “a caballo regalado no se le mira el diente”. Este popular refrán que nos advierte que si alguién nos regala algo debemos aceptarlo sin cuestionamientos y no debemos andar mirándole defectos. En otras palabras, no ser malagradecidos con aquello que nos regalan. Es importante entender el origen de este dicho. Al revisarle los dientes a un caballo, es posible calcular su edad y su valor antes de comprarlo. Pero hacer esto con un caballo que te estén regalando sería una imprudencia. Después de todo, es un regalo.

          Hasta ahí todo va bien, pero déjame hacerte una pregunta: ¿Qué es lo que más le gusta regalar a la gente? Si respondiste: “Consejos”, acertaste. Todos amamos dar consejos gratuitos, inclusive cuando no nos los han solicitado. Y ante tales circunstancias, todos nos limitamos a escuchar con paciencia. Sin importar qué tan poco informados, calificados o totalmente errados sean los consejos que nos están dando.

          Así que si alguien quiere darte un consejo, antes de escucharlo, asegúrate de evaluar la fuente de donde viene. Yo ya he aprendido a no recibir ningún “caballo regalado” sin asegurarme de mirarle antes el diente. Si alguien me quiere dar un consejo de negocios, pues más vale que sea un empresario exitoso, y si alguien me va a hablar de cómo tener una salud óptima, pero tiene un cigarrillo en la mano y 30 libras de sobrepeso, pues muchas gracias por ese regalo pero no. Así de simple.

        “Mata tus vacas-refranes y elimina de tu vocabulario todas esas falsas creencias que tienen poco de verdad y mucho de conveniencia”

        Así que, como ves, muchas de estas “joyas de la sabiduría popular”, no son mas que vacas que lo único que generan en tu vida es hacer más llevaderos el conformismo y la mediocridad. Mata tus vacas-refranes y elimina de tu vocabulario todas esas falsas creencias que tienen poco de verdad y mucho de conveniencia.

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