Hay quienes esperan el “golpe de suerte” que de un solo envión les abra las puertas del éxito. Viven obsesionadas con encontrar el camino más corto a la felicidad, la fórmula mágica que les devolverá su figura ideal, la manera más fácil para lograr sus sueños, la idea original que las hará ricas y famosas de la noche a la mañana; lo quieren todo, pero lo quieren ya mismo y no están dispuestas a aprender o esperar; de hecho, aprenden muy poco del triunfo de otros porque son incapaces de reconocer en los demás los atributos y las razones que las condujeron al éxito.

Cuando escuchan la historia de algún emprendedor que lanzó un producto al mercado y repentinamente este se popularizó disparando las ventas y convirtiendo a su creador en multimillonario, les oyes decir: “Qué suerte la de aquel”, “Le llegó fácil el éxito”, “Si yo pudiera tener una sola idea como esa…”. Según ellos, el éxito de aquella persona sucedió de la noche a la mañana, fue un golpe de suerte, el resultado de haber estado en el sitio correcto en el momento preciso.

Ellos desconocen todo el esfuerzo que estos emprendedores han realizado con anterioridad, y prefieren vivir con la ilusión, o el delirio, de que si esperan lo suficiente, un día será su turno y les llegará su golpe de suerte. ¡Así que se sientan a esperar! Ignoran que aquel emprendedor lleva años inventando, desarrollando y lanzando al mercado producto tras producto sin mayores éxitos, pero que lejos de desanimarse, ha enfocado aún más su empeño, aprendiendo de sus errores y persistiendo sin desfallecer hasta ver recompensado el fruto de su trabajo.