El plan perfecto es aquel que te pone en movimiento ya mismo

Las excusas son las vacas más comunes, una forma cómoda de eludir nuestra responsabilidad, encontrando culpables por todo aquello que siempre estuvo bajo nuestro control. Las excusas son una manera de decir “Yo lo hice pero no fue mi culpa”. Decimos cosas como: “Reprobé el examen pero la culpa fue del maestro que no nos dio suficiente tiempo para estudiar”, “No he avanzado en mi trabajo pero la culpa es de mi jefe que no aprecia mi talento”, “Fracasé en mi matrimonio pero la culpa fue de mi esposa que no hizo un esfuerzo por comprenderme”.

Es posible que lo que estemos tratando de justificar con cualquiera de estas excusas, sea una mala nota en la escuela, un rechazo en una relación, un conflicto en el trabajo, o una crítica. Ahora bien, es natural el tratar de evitar estas situaciones poco placenteras. Sin embargo, debemos entender que evadirlas con una excusa no nos permite enfrentar y corregir el problema subyacente que las ha originado. Lo triste es que, mientras pensemos que somos las víctimas y que alguien más es el culpable, no haremos nada para remediar dicha situación. Después de todo, no es nuestra culpa.

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