Nos quejamos por todo pero no hacemos nada

El conformismo es peor que el fracaso total. El fracaso al menos te obliga a hacer algo, a cambiar. No obstante, con el conformismo sucede todo lo contrario, engendra mediocridad, es que es soportable, logramos vivir con él.

Hace algún tiempo escuché una historia que ilustra este punto a la perfección: Un forastero llegó a la casa de un viejo granjero, Junto a la puerta estaba sentado un perro, molesto e irritado por algo, ya que ladraba y se quejaba sin parar. El visitante le preguntó al granjero qué le estaría sucediendo al pobre animal. “No se preocupe ni le preste mayor atención”, respondió el granjero. “Lo que sucede es que es un perro conformista”. Luego explicó: Lo que ocurre que justo donde está acostado se encuentra la punta de un clavo que sobresale del piso, y lo pincha y lo molesta cada vez que se sienta ahí; de ahí sus ladridos y quejas. “Pero… y ¿por qué no se mueve a otro lugar?”, preguntó el visitante. Alo que el sabio granjero respondió: “Porque seguramente lo molesta lo suficiente como para quejarse, pero no lo suficiente como para moverse”.

Este es el gran problema con el conformismo y la mediocridad: suelen molestarnos e incomodarnos, aunque no lo suficiente como para que decidamos cambiar. ¿Tienes un clavo que te esté molestando y que no te ha permitido alcanzar lo que verdaderamente deseas, pero continuas quejándote de tu mala suerte sin hacer nada al respecto?

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